Día: viernes 25 de mayo.
Lugar: Volcán Popocatépetl (México).
Objetivo: acercase lo más posible al volcán en actividad.

Salimos a las 8.00 del Instituto de Geofísica de la UNAM. Tras una hora y media en la furgoneta paramos en Amecameca a comprar comida azucarada. A pesar de estar acostumbrados a vivir a 2200 metros de altitud, el ascenso va a ser muy rápido (hasta casi los 4000 metros) y el mal de altura puede aparecer en cualquier momento. 
Según avanzamos, el volcán se presenta cada vez más imponente con una perfecta columna de humo blanco que resalta sobre el azul del cielo.

Llegamos al control de policía situado a bastantes kilómetros de distancia de nuestro objetivo (la estación sismológica más cercana al Popocatépetl). El acceso está restringido pero tenemos permiso. Comenzamos a ascender y el paisaje (normalmente verde) está teñido de gris ceniza debido a que hace unas semanas el volcán entró en alerta amarilla, justo cuatro días antes del día en el que teníamos pensado ascender al Iztaccíhuatl (volcán que se encuentra al lado del Popocatépetl). Evidentemente, tuvimos que cancelar la salida porque había riesgo de que la alerta sobrepasara la amarilla.


Tras librar varios cientos de metros de desnivel, llegamos al Paso de Cortés. Según se cuenta, Hernán Cortés pasó por allí en 1519 con el fin de arrasar con el Imperio Mexica. Justo en ese punto (ahora hay un pequeño monumento y un albergue de montaña) Cortés ordenó ascender a los volcanes para obtener el azufre con el que fabricarían la pólvora.

Miro a los volcanes y la historia pierde su sentido. A un lado se encuentra el Iztaccihuatl, muy rocoso, viejo y rodeado de nubes; al otro lado el Popocatépetl, imponente, gigantesco, totalmente gris, con nubes de gas que desciende por las laderas. La desilusión aparece cuando comprobamos que las nubes que comenzaron a tapar la cima del volcán hace media hora, nos van a impedir observarlo en su totalidad. No importa, pasamos el segundo control y nos dirigimos al lugar más cercano: la estación sismológica desde la que se obtienen todas las imágenes del volcán y se analiza su actividad. Se encuentra situada a casi  4000 metros de altitud, en una pequeña colina en las faldas del volcán. Parece un lugar abandonado debido al paisaje gris que le rodea y a que la carretera de acceso está totalmente descuidada. 

Tras observar un poco la estación, nos posicionamos frente al volcán esperando que las nubes se aparten y nos dejen ver el cráter. Pero el tiempo pasa y nuestras miradas se quedan congeladas admirando la enorme pared volcánica que tenemos frente a nosotros. El cráter no se va a ver porque hay demasiadas nubes, sin embargo, escuchamos perfectamente las explosiones. Nos sobrecogemos y aguantamos un poco esperando poder ver algo más. No nos queda tiempo, el cielo se cubre totalmente de nubes y amenaza con llover. 
Imagen
Teníamos todo: tiempo, material, permisos y ganas, muchas ganas; pero las condiciones atmosféricas a veces traicionan y te tienes que volver a casa con el único consuelo de haber tenido la oportunidad de ver algo que poca gente puede ver, un volcán en actividad.

Regresamos a Amecameca para comer en un restaurante con vistas a los dos volcanes. Cuando estábamos a punto de irnos las nubes se levantaron y nos dejaron ver la cima del Popocatépetl. 

Lo esperado es deuda.


 
 
Imagen
El Marathon des Sables (Maratón de los Sables) es una de las pruebas más duras que existen en la actualidad. 

Consiste en recorrer alrededor de 240 km por el Desierto del Sáhara sud- Marroquí en 6 días. 
Las 6 etapas tienen longitudes diferentes que varían desde los 20 km hasta los 80 km. El kilometraje es aproximadamente: 1ª etapa 30 km, 2ª etapa 30 km, 3ª etapa 40 km, 4ª etapa 80 km, 5ª etapa 40 km, 6ª etapa 20 km.

Con 27º ediciones a sus espaldas (la próxima tendrá lugar en abril de 2013, por si alguien se anima a participar), el Marathon des Sables se ha convertido en una de las pruebas más importantes a nivel personal para deportistas del mundo entero. Es una competición en la que domina el compañerismo, la lucha contra los propios límites y la supervivencia (todo el material, incluida la comida, el saco de dormir, los frontales...se debe cargar desde el primer día. Si te quedas sin comida debes retirarte).
A la cantidad de kilómetros de recorrido hay que sumar las condiciones climatológicas adversas: tormentas de arena como la que le hizo perder el rumbo durante 9 días a Mauro Prosperi en 1994 o temperaturas que alcanzan los 50ºC. Es tal la dureza de la carrera que ha habido dos muertos desde que en 1985 se celebró la 1ª edición. 
Existen muchas pruebas duras, muy duras, tan duras que dejan de ser sanas. Está el Ultraman (seguramente el reto más duro) o el Ironman  (que dicen estar al alcance de cualquiera con unas condiciones físicas adecuadas), pero el Marathon des Sables se lleva la palma. 6 días sin apenas asearte, sin apenas comer, sin apenas dormir, con heridas en los pies, quemaduras en los brazos, arena por todas las partes del cuerpo, luchando contra la deshidratación y la insolación. Todo un reto que alguna vez en la vida habrá que realizar y finalizar.

A continuación dejo un vídeo muy interesante. Josef Ajram nos va mostrando la dureza de la prueba a lo largo de los días. 
 
 
Imagen
¿Dónde está el límite del ser humano? ¿Hasta qué punto se puede arriesgar la vida con el fin de llegar un paso más lejos? ¿Cuáles son las razones que incitan a llevar el deporte hasta el extremo?

¿Por qué escalar montañas? Suelen preguntar. La respuesta más sencilla la dio George Mallory: "Porque están ahí". No hay razón más sencilla que esa, aunque se puede aderezar con comentarios del tipo: por las sensaciones que produce, por el encuentro con uno mismo, por comprobar el límite del cuerpo, por sentir la máxima expresión de la soledad...


Dan Osman (EEUU,1963; EEUU, 1998) fue un tipo que llevó su estilo de vida hasta el límite. Aprendiendo a escalar a la temprana edad de 12 años, Dan Osman, o Dano, como le solían llamar, inició una afición que acabaría por ser el único pilar de su vida. 

La escalada le llevó a buscar nuevos desafíos y acabó por ser practicante de deportes extremos como la caída libre desde acantilados o la escalada natural (sin cuerdas), también conocida como free-soloing.


Como si de una droga se tratara, Dan Osman necesitaba ponerse a prueba constantemente, razón por la cual sólo trabajó esporádicamente, supongo que para mantenerse con lo mínimo en su casa construida en un árbol en el Parque Nacional de Yosemite, lugar donde solía escalar y hacer los saltos al vacío.

La temeridad de Dan llegó hasta tal punto que los guardias forestales de Yosemite le perseguían cuando le veían; sus actividades podían incitar a otros a hacerlas. Así que a la peligrosidad de sus aficiones había que añadir la tensión por ser descubierto por los rangers.
A pesar de esas persecuciones, siguió haciendo de las suyas hasta que un día los rangers le retuvieron. No existía razón alguna para detenerle hasta que descubrieron que su carnet de conducir estaba caducado y que llevaba un arma en el coche. Le metieron 22 días en la cárcel.

Cuando volvió a ser libre (gracias a que sus amigos pagaron la fianza de 25000 dólares), regresó a Yosemite y se dispuso a hacer un salto al vacío desde el Learning Tower con las cuerdas que llevaban preparadas desde hacía unas tres semanas. Esas cuerdas habían soportado las inclemencias climáticas y podían estar en malas condiciones. Sin embargo, no fue eso lo que provocó el accidente que acabaría con su vida, sino un cambio en el ángulo de salto. El desenlace fue que unas cuerdas se enredaron y se cortaron.

35 años vividos al límite. 35 años buscando el cielo y el suelo. Al final tuvo que llegar al suelo para encontrar el cielo.